Por nuestro experto Pablo Cuesta

Padres y colegio: dos caras de la misma moneda

Comienzo esta reflexión diciendo que soy profesor y padre. Si estás leyendo esta web, es muy probable que compartas conmigo, al menos, el 50% de mi situación. Profesor y padre, ¿por qué digo esto? porque me gustaría ser imparcial a la hora de escribir sobre este tema, pero creo que el hecho de ser profesor de un colegio (en el que creo que se están haciendo bastantes cosas bien) no me va a dejar serlo. Pero bueno, me arriesgaré; ya me dirás al final qué te parece mi reflexión. Y si crees que no he sido todo lo imparcial que debiera… te pido disculpas desde ahora.

Voy a comenzar siendo un poco “provocador”, pues así me aseguraré que no dejas el post a la mitad y me lees hasta el final…

Y comienzo haciéndote una pregunta: ¿tú confías en el colegio de tu hijo? Seguramente respondas que sí.

Entonces te voy a hacer otra pregunta: ¿confías (en ese cole) o te despreocupas (de la educación que el colegio da a tu hijo)?

Sí, te pregunto si es confianza o despreocupación…

Antes de seguir, creo que debo aclarar lo que, para mí, significan estas 2 palabras:

Confiar quiere decir: conozco el Proyecto Educativo de Centro en el que están educando a mi hijo; y cuando este viene protestando porque ha tenido un problema en el colegio, primero escucho los argumentos de mi hijo y luego le concedo el beneplácito de la duda al colegio; a continuación, pido información de primera mano al colegio para hacerme un juicio adecuado y correcto de lo sucedido, en vez de ir al colegio a “buscar culpables”.

¿Qué le solemos decir a nuestros hijos cuando tienen un problema con su hermano, amigo, vecino…? Que dialoguen, que escuchen lo que el otro tiene que decirle y que resuelva el conflicto con diálogo. ¿Alguno le decís a vuestro hijo: “Vete allí y móntales un pollo para que se enteren quién eres tú”?

Despreocuparse significa: me mantengo al margen de lo que ocurre en el colegio (no voy a reuniones, no leo las Circulares, no pregunto lo que están trabajando con mi hijo…) mientras todo va bien ¡claro!, pero cuando hay un suspenso, una dificultad en el aprendizaje, o un problema de disciplina con mi hijo, entonces voy al colegio a protestar y a defender a mi hijo “a capa y espada”, pero no a preguntar lo que ha ocurrido y buscar cómo solucionarlo para que mi hijo aprenda de ese contratiempo… y pueda así seguir aprendiendo y creciendo feliz.

Por todos es sabido que toda moneda tiene 2 lados: la cara y la cruz. Voy a utilizar esta imagen para hablar de algunos aspectos que me parecen cruciales en la relación entre los padres y la escuela, por si ayudan a algún papá, mamá o profe a repensar su relación “con la otra parte”.

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COEDUCAR en lugar de DESDECIR

Los padres  tienen (tenemos) una importancia “brutal” en el día a día “escolar” de sus hijos.

Creo que el papel de los padres, respecto a la escuela, es el de ser coeducadores, lo que significa que escuela y familia han de educar juntos. Me explicaré con un ejemplo: Se está preparando en el colegio una campaña de recogida de alimentos para donarlos al Banco de Alimentos de Asturias. En el cole, los profesores hablan esos días a los niños sobre la importancia de que cada uno aportemos nuestro granito de arena para mejorar nuestra sociedad, para ayudar al que tiene más que nosotros, para ser más solidarios; entonces el niño llega a casa con los ojos iluminados diciendo: “¡Mamá, mañana tengo que llevar un kilo de lentejas (o lo que sea) al cole, porque vamos a juntar toneladas de comida para los niños de Asturias que no tienen que comer!”. Su mamá (que en ese momento está muy atareada), y sin quitar la vista de lo que está haciendo, le dice: “Pero hijo, con el kilo que tú lleves ¿cuántos días va a comer una familia?

Y esa mamá, sin querer, acaba de cargarse la idea de que “granito a granito se hacen montañas”, que seguramente tanto han insistido esos días en el cole, aparte de quitarle a su hijo la ilusión por colaborar en un gran proyecto solidario. Y quizás ese niño ya no vuelva a ilusionarse por hacer algo, lo que él pueda hacer, para cambiar el Mundo…

En otras ocasiones son los profes los que hablan mal de los padres de un niño (“Total, lo que yo digo en clase lo desdicen en casa”), y otras veces son los padres los que hablan mal del cole delante de su hijo. Y hay algo muy importante que deberíamos tener siempre presente: todo niño necesita tener bien situadas estas dos realidades en su vida para poder aprender: el colegio y la familia; y ambas deben ser motivo de orgullo para él. Si hay conflicto entre ellas, el que más sufre es el niño, que como es natural se situará de parte de sus papás y, como consecuencia, estará “descolocado” en el colegio: generará conflictos con los compañeros, llamará la atención para que le hagan caso, no se esforzará en sus tareas… “Total, si ya lo dicen mis padres, este profesor no tiene ni idea de lo que hace”

Los valores y las actitudes que se enseñan en casa y en el cole, ¿tratamos de que vayan en la misma línea?

Como profesor, ¿conozco a los padres de mis alumnos? ¿he hablado alguna vez con ellos sobre lo que quieren que aprendan sus hijos?

Como padre-madre, ¿apoyo las iniciativas del colegio, aunque no hagan las cosas como yo creo que se tienen que hacer? ¿le recuerdo a mi hijo la suerte que tiene de ir a un colegio en el que se va a formar académicamente y humanamente para ser un adulto competente y comprometido.

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DIÁLOGO en lugar de ENFRENTAMIENTO

Hace tiempo, hablando sobre este tema con un profesor de Primaria, compañero mío, se me ocurrió preguntarle:

– ¿Has pensado alguna vez que los padres entraran en tu aula?.

– Sí, hombre, me contestó; ¡lo que faltaba, que ahora se metieran también en las clases a mangonearlo todo!

Me quedé triste y, por supuesto, no le he vuelto a sugerir esto a ninguno de mis compañeros. Y me quedé triste porque pensé en su hijo, y en la ilusión que le haría ver a su padre o a su madre en clase contándole un cuento a él y a sus compañeros de clase, o explicándole en qué consiste su trabajo, o cantándoles una canción, o tocándoles un instrumento, o pintando con ellos, o disfrazado en Carnaval… o tantas cosas que a los padres nos gusta hacer junto a nuestros hijos.

Y tú, profesor, ¡cuánto aprenderías si “metieses” un padre en tu aula y observases cómo trata a su hijo! ¡Y cuánto os enriqueceríais todos (profes y niños) con lo que cada padre o madre podría aportar al aprendizaje de los alumnos!

Pero bueno, como esto que acabo de exponer es (todavía) “demasiado” utópico, vamos con algo más cotidiano: te llaman del colegio porque tu hijo (tiene dificultades en una asignatura, o porque ha tenido problemas de relación con) se ha pegado con un compañero, o te llega el boletín de notas con algún suspenso. Y entonces tú seguramente piensas: bien, tenemos un problema, voy a hablar con el tutor de mi hijo para ver cómo puedo ayudarle a superar esto, para que este contratiempo sea una oportunidad para crecer y seguir aprendiendo. Y no te habrá pasado a ti como a esa “amiga” que lo primero que se le vino a la cabeza es: ¿Que qué?, ¿que mi hijo ha hecho qué cosa?; seguro que el otro empezó provocándole… (sí, lo reconozco, estoy siendo un poco sarcástico)

O quizás a ti, profesor, te ha pasado esta situación: una madre te comenta, preocupada, que su hijo de 8 años pasa demasiadas horas cada tarde haciendo deberes que consideras que son repetitivos y que no sirven para reforzar lo aprendido en clase. Entonces ni se te pasa por la cabeza que esa madre está juzgando tu profesionalidad, simplemente piensas que ella (igual que tú) quiere lo mejor para su hijo; entonces la llamas para charlar y pensar juntos cómo organizar las tardes de trabajo del niño para que pueda hacer alguna tarea, pero para que también haya vida después del cole…

Como profesor, ¿Cuántas veces le has preguntado a una madre: cómo haces tú esto en casa con tu hijo, para probar tú si también funciona en el aula?

Como padre-madre, ¿Cuántas veces has hablado con el tutor o profesor de tu hijo cuando las cosas van bien? ¿O solo llamas cuando hay algún problema o algo con lo que no estás de acuerdo?

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FORMARSE y PARTICIPAR en lugar de DESPREOCUPARSE

Para mí, cuando he sido tutor de una clase, no hay nada más desconcertante y desilusionante que una silla vacía en una reunión de padres. Os confieso que el pensamiento que se me venía a la cabeza era: con la de horas que su hijo va a pasar durante el curso en el colegio, con nosotros, este padre-madre que no ha venido, ¿es que no le interesa lo que aquí vamos a enseñar a su hijo?

Por otro lado, me emociono cuando veo a las madres de mis alumnos (sí madres, los padres casi nunca vienen) “echando una mano” en cualquier actividad, excursión o campaña que organiza mi colegio.

Para terminar, me gustaría contarte el caso de una amiga mía que tiene un hijo de 6 años con déficit de atención. Hace 2 años le llamó la profe del niño para comentárselo. Mi amiga se preocupó mucho al principio y preguntó a sus amigas si veían algo “raro” en su hijo. Después fue a un psicólogo, pero no acertó con uno que ayudara al niño. Y, al final, mi amiga lo fue dejando pasar… Su hijo, hoy, sigue igual, aunque según ella, a veces “parece que mejora”. Y yo, cuando veo al niño, me pregunto: ¿Por qué esa madre no lee algo que le dé pistas para poder ayudar a su hijo? porque no dudo que ella (como todas las madres del mundo) quiere que su hijo sea feliz. Es curioso, si nos vamos a comprar un ordenador o un coche o un lavavajillas nos informamos, leemos, contrastamos opiniones… Pero cuando se trata de enfrentarnos a alguna dificultad que tiene nuestro hijo y que no dominamos… muchos padres se despreocupan, o dejan la responsabilidad “solo” al colegio.

Como profesor, ¿Cuántas veces has pedido colaboración a los padres para que participen en algo que tú has organizado para tus alumnos? ¿Cuántas veces has sugerido a tus padres alguna lectura que crees que les puede ayudar?

Como padre-madre, ¿Te has ofrecido al director de tu cole o al tutor de tu hijo para ayudar en alguna actividad o excursión que organiza tu colegio? ¿Cuál es el último libro sobre educación que has leído?

Ya que has llegado hasta aquí, por favor, no te vayas sin enriquecernos con tus ideas o reflexiones; coméntanos lo que piensas:

¿Qué otros aspectos crees tú que hay que replantearse en la relación entre los padres y el colegio?

¿Qué otras actitudes crees ú que tenemos que reprogramar o replantearnos en nuestra relación con el colegio (o con los padres)?

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30 thoughts on “Padres y colegio: dos caras de la misma moneda

  1. Masafe Responder

    Bueno, creo que está escrito por un 80% profe y un 20% padre…. intentaré equilibrarlo un poco con un 50% madre, sin conflicto con mi otro 50%.
    Soy madre de 2 niños, miembro del consejo escolar, del AMPA, participo en todas las actividades que propone el cole, propongo actividades y talleres que nadie salvo el profe de educación física o las profes de infantil se han molestado en tener en cuenta.
    Mi experiencia es que los profes, de mano, rechazan a las familias, les sobran en el aula y en el cole “me gustan los niños, pero las madres…. ufff”
    Los profes se sienten cuestionados en cuanto un padre disiente de su manera de hacer las cosas y tienen la sartén por el mango: tienen a nuestros hijos. Son muchos los padres que no se atreven a decirle nada a un profesor por miedo a que tome represalias con su hijo…. y no porque lo hayan imaginado, si no porque lo han visto hacer.
    El caso del niño con déficit de atención se puede compensar con la cantidad de docentes que dicen no saber nada y demuestran con sus hechos no saber nada, de temas como la dialexia. La dislexia, madre mía, algo que afecta al 10% de sus alumnos y dicen sin ruborizarse que de eso no saben nada… que es algo de confundir las letras…
    Hay profes maravillosos, que enseñan, que ilusionan, que se ganan s los críos y sacan lo mejor de ellos mismos. Pero hay muchos, muchísimos profes, que se limitan a seguir un libro de texto, a poner ejercicios y deberes del libro de texto y hasta a poner el examen que propone la editorial. Para hacer esto último, no hace falta ni estudiar la carrera, son éstos los que la desprestigian.
    Las escuelas muchas veces se enorgullecen de acoger a los padres, nos oyen, pero pocas veces nos escuchan. Los consejos escolares son órganos informativos, donde los padres no tenemos ninguna función más allá de escuchar… y la escuela se olvida de que los niños, antes que alumnos, son nuestros hijos!
    Hay mucho que avanzar, por desgracia, para mis hijos, llegará tarde.

    • Pablo Cuesta Responder

      Tienes mucha razón; queda mucho, mucho, mucho que avanzar.
      Tampoco sé si yo veré lo que cuento en el artículo…

      • Masafe Responder

        Esperemos que sí. Hay que unirse y cambiar esto. Que este sistema no lo padezcan más niños. No podemos vivir en un país del siglo XXI con una metodología educativa del siglo XIX.

        • GIPED Responder

          Hola Masafe. Hemos visto a través del post de tu blog tu respuesta a una postura interesante y contraria a la que nosotros defendemos sobre los deberes. Por ello te animamos al igual que a Pablo a que conozcas nuestra página y te invitamos a debatir este tema que parece muy interesante dada la cantidad de seguidores sobre él y así, también, contrastar puntos de vista.
          Nuestra página de facebook es https://www.facebook.com/gipedudc
          Abarcamos el tema de los deberes desde un punto científico, por ello nos gustaría mostrarte nuestro trabajo y, como no, conocer tu opinión sobre ello.

        • Pablo Cuesta Responder

          A ver si poco a poco vamos cambiando las mentalidades; y va imperando el sentido común…

    • olga Responder

      totalmente de acuerdo con lo que dices masafe , soy madre de dos niños, estuve en el ampa, estoy en el consejo, intento mantener una comunicación fluida y continuada con los profes de mis hijos y ….. nada.
      La conclusión a la que llego es que son un numero, salvo muy muy pocas excepciones las clases se preparan pensando en los niños mas aventajados y el resto si no llega que se ocupen los padres en casa. Mi ultima conversación con la profesora de ingles fue de lo mas desesperante y anecdotica (espero que no sea lo común), pero para ella yo soy la que tengo que explicar a mi hija el tema en español y después en ingles para que lo entienda ¿que hace ella? y por supuesto después sentarnos las dos con los ejercicios
      para mis hijos también llegara tarde

    • Emma Responder

      Totalmente de acuerdo, creo que dentro del Proyecto Educativo de cada centro debería existir un apartado a la relación familia-escuela, donde comprobar antes de matricular a nuestro hijo si esa escuela apuesta por fortalecer los vínculos o por enseñar literatura.

  2. angeles Responder

    Muchas gracias por escribir esto. Desde mi lado como madre, me encantaria que tus companheros profesores leyeran esto. Al leer
    – ¿Has pensado alguna vez que los padres entraran en tu aula?.
    – Sí, hombre, me contestó; ¡lo que faltaba, que ahora se metieran también en las clases a mangonearlo todo!
    me he acordado de una discusion que hubo asi en el consejo escolar del colegio de mis hijos.
    Nuestro colegio tiene, grosso modo, unos padres muy involucrados, que realizan muchisimas actividades, y podrian realizar muchas mas si hubiera un mejor dialogo con el profesorado asi como una falta de miedo por parte de estos a la presencia de padres.
    Hace falta mas dialogo entre familias y profesorado, menos libros de texto y mas folios en blanco. Que los profesores nos vean como “material” en potencia, que realizamos actividades como cuenta cuentos o como contar en que trabajamos. Que los profesores sepan las rutinas de cada ninho en su casa y las familias las de los profes para trabajar conjuntamente.
    Hay un proyecto educativo, pero lo que ahi esta escrito me temo que no es lo que se lleva a cabo en las aulas… grosso modo de nuevo.
    gracias por tu entrada y espero que logre la difusion necesaria

  3. Vane Responder

    Uf… interesante y revulsivo tema, gracias Pablo.
    Yo sólo aporto la visión del lado padres y seguramente, por tanto, sesgada, aunque intento ser empática con “el otro lado” y también crítica con nuestro papel de padres.
    A tu pregunta, hay mucho, muchísimo que cambiar y reprogramar, incluso si el colegio que has elegido merece tu confianza. Para empezar porque “confianza”, así en general, es un concepto completamente volátil: los colegios cambian de equipo directivo, los profesores cambian, cada maestrillo tiene su librillo… unos son prodeberes… otros por suerte menos… Y de pronto te ves pasar de la confianza ciega durante un curso, a convertirte en perro sabueso de todo lo que sucede el año siguiente.
    Reconozco que nuestras ajetreadísimas vidas nos impiden a veces pararnos a ejercer mejor esa participación y coeducación de la que hablas, y a no reparar en detalles como el que cuentas del comentario sobre el kilo de comida…. y tantos otros. Pero también te diré que desde “el otro lado” me he sentido y siento constantemente juzgada por esa imposibilidad real de estar más presente en la actividad del colegio o en la “coeducación”.
    Por ejemplo, tras una de esas reuniones de comienzo de curso programadas muy “coherentemente” a las 13.00 horas para que los maestros puedan tener su tarde libre, y a las que por razones evidentes nunca puedo asistir, he tenido que escuchar por boca de una docente a la que previamente le había pedido su email precisamente porque me pierdo las reuniones, que no me iba a dar ningún correo y que la educación de nuestros hijos debería importarnos más como para asistir a las reuniones. Y claro, acto seguido tener que explicarle a lo largo y ancho de varios folios a la querida y casi púber maestra mi vida en verso, incidiendo de una manera casi ridícula en el hecho de que la educación de nuestros hijos nos importa mucho y que para poder garantizarla precisamente trabajamos de sol a sol y más allá y entre medias escribimos ríos de tinta a mano para comunicarnos con un colegio analógico. Qué manía de tocar las narices y de paso el orgullo de padre, oiga. Siempre atribuyéndose una superioridad pedagógica, más que dudosa en muchos casos.
    Al mismo tiempo percibo una actitud defensiva como de sentirse juzgados profesionalmente a la mínima cosa que cuestionas, llámese deberes -mi cruz y batalla de ese año- o metodología. Que no es que sea yo de meterme en la forma de trabajar de nadie, pero si usted ocasiona una tendinitis de muñeca a mi hija por hacerle copiar 100 veces una palabra en inglés que no se sabía, mire usted, pues sí tengo algo que decir y no precisamente en bajito. La que monté ese día en el cole fue fina.
    En fin, que no me caracterizo por pasar desapercibida en el colegio de mis hijos precisamente, como verás, y seguramente soy de esos padres que mencionas, que casi únicamente se comunican para quejas, pero jolines… es que no da para otra cosa últimamente. Aún así, somos padres que proponen cosas al centro, actividades, e incluso comparto con ellos por mail artículos que encuentro interesantes y que no sé si leerán. Y por supuesto somos padres formados e interesados por la educación, en mi caso particular, con una formación en materia educativa muy reciente.
    Y soy consciente de que mis hijos son los perjudicados por estos “enfrentamientos”. Pero siento que el cambio, en la mayoría de las cosas, debería llegar del “otro lado”.
    Yo he llegado a decirle a mi hija no hagas más deberes hoy, a sabiendas de que eso le ocasiona un conflicto al día siguiente, pero ¿qué otra opción nos queda si los profesores no dan su brazo a torcer con el tema? Si les explicas que tu hija recibe una formación musical reglada que le gusta y que le ocupa prácticamente todas las tardes de la semana, y aún así pasan del tema.
    ¿O qué te queda si, después del pollo de lo de las 100 palabritas, la profesora recién horneada te responde que es un método que funciona estupendamente? Pues te queda lo que hizo mi marido, contestarle que también funcionaba azotar a los niños pero que por suerte se dejó de hacer hace muchos años.
    En fin, mucho que reprogramar.

    • Masafe Responder

      Totalmente de acuerdo, Vane.
      Esa es mi pelea también este año… la profe añosa en mi caso, está convencida de que no hay vida más allá del libro de texto. A día de hoy no han hecho absolutamente nada que no estuviera en el libro…. y así 5h al día ¿imaginas el aburrimiento?

    • Pablo Cuesta Responder

      Después de leerte me doy cuenta de lo complicado que es esta “reprogramación” (casi imposible, diría) para aquellos profesores que se creen en posesión de la verdad absoluta sobre metodología, sobre deberes, sobre… tantas cosas.
      Supongo que es muy duro luchar día a día contra un equipo directivo o un grupo de profesores que no quieren cambiar nada, pues están instalados en su comodidad.
      Solo me queda decirte: ¡Mucho ánimo en tu lucha!

  4. Ana Mimundolosmíos Responder

    Pablo, me ha encantado tu artículo.
    Me tengo por una madre que está presente en la vida escolar de mis hijos. Tu artículo me tranquiliza haciendome ver que no hago las cosas del todo mal y me aporta un montón de inquietudes para seguir colaborando.
    Mil gracias por tus palabras, mil besos, mil sonrisas
    Ana

  5. Ana Escobar Responder

    Pablo, ante todo, muy buen artículo. Pero…se nota mucho tu 50% de profesor. Yo te cuento mi experiencia como madre.
    Tengo una hija de 14 años, este curso en 3º de la ESO. Elegí el colegio de mi hija porque confiaba en él, conocía el proyecto educativo y “creía” que conocía su profesorado. Soy de las que “confía”o y no entiendo a los que se “despreocupan” ya que no veo que haya cosa que sea más importante que la educación de un hijo. He participado en cada una de las actividades del colegio en las que se me ha dejado haciendo malabarismos auténticos para poder acudir a esa reunión a la 13:00, a esa función de Navidad a las 15:00, a esa llamada del tutor a las 10:00… en fin a esas horas en las que una está trabajando en la mayoría de los casos para poder garantizar precisamente esa educación a nuestros hijos.
    En infantil fue una maravilla, teníamos una profesora que no tenía miedo a los padres (miedo si, porque nos tienen miedo la mayoría). Nunca se me olvidará la cara de orgullo y satisfacción de mi hija en tercero de infantil mientras yo les leía un cuento en el centro de la asamblea a ella y a sus compañeros. Cada semana un padre acudía una tarde a hablar de su profesión y a hacer una actividad con ellos. Fue una pasada. Una experiencia maravillosa para todos.
    En primaria la cosa cambió un poco. Aún así en la mayoría de los casos tuvimos profesores implicados con los que se podía dialogar. Incluso cuando hubo que dar un toque por un exceso de deberes o por alguna otra cosilla “sin importancia” , como, por ejemplo , copiar del nuevo testamento a la libreta cientos de versículos de los cuatro evangelistas como deberes ( tarea que nos llevó la friolera de dos horas y media en tercero de primaria con 8 añitos), la profesora cuando acudí a hablar con ella reconoció el exceso, lo absurdo y lo contraproducente del asunto de buen grado y nunca más se le ocurrió tal excentricidad.
    Pero… todo cambió en secundaria. A veces me pregunto si el cole de mi hija es el mismo o es otro. Te encuentras con algún profesor maravilloso, generalmente joven, con ganas, con el que puedes hablar y compartir experiencias. Pero luego ves a esos dinosaurios (lo siento no encuentro otra palabra que lo describa mejor), que llevan ahí 30 años acomodados, cuya única misión en la vida parece ser cobrar su sueldo y quitarse de encima a los pesados estos adolescentes que dan mucho la turra. Y te dan ganas de llorar. Profesores que llevan explicando lo mismo hace 30 años, de la misma manera, sin innovar, sin cambiar, sin molestarse ni siquiera en si tus alumnos te entienden o no. Simplemente llegan, dan su clase, se van, ponen el examen y a correr. Y no vayas a hablar con ellos porque claro, cómo vas a cuestionar su trabajo y su experiencia…luego llegan las represalias. Yo tuve muchos profesores así. Lo que me indigna es que los tenga mi hija en 2015.
    Creo que falta mucho, mucho tiempo y mucho muchísimo trabajo que hacer para que las cosas cambien. Mientras los de arriba no entiendan que la profesión de maestro, profesor, educador en fin, es la más importante y la que mejor va a definir nuestra sociedad. Sin un buen maestro que nos haya enseñado nunca hubiéramos llegado a ser lo que somos, pero las cosas tienen que cambiar. Y los profesores son los primeros que tiene que entonar el mea culpa.

    • Pablo Cuesta Responder

      Lo triste es que, en un mismo colegio, haya tanta disparidad en el profesorado.
      Me atrevo a decir que algo falla en ese Equipo Directivo, pues es responsabilidad de éste dar coherencia y unidad al claustro. Así como velar para que todos los profesores estén formados y actualizados.
      ¡Mucho ánimo! Muchas gracias por tu reflexión.

  6. Blanca Responder

    En primer lugar, muchas gracias, Pablo, por este artículo. Tocas un tema, como poco, peliagudo, como se desprende de los comentarios que se han publicado hasta ahora. Y planteas preguntas interesantísimas que nos darían para escribir un libro del tipo “Padres y colegio: historia de un amor imposible.”
    Yo siempre he creído que cuando hablamos de relaciones (del tipo que sean) hablamos de personas, no de colectivos o de conceptos o de generalidades. Por lo tanto, la relación entre el colegio y los padres va a tener mucho que ver con la sintonía que pueda haber entre un tutor determinado y unos padres concretos. Tú, como tutor de 25-30 niños, tendrás más afinidad con unos padres que con otros, y yo, como madre, tendré más afinidad con un tipo de tutor que con otro. Por lo tanto la relación es cambiante a lo largo de la escolarización de los hijos. Pero para poder encontrar una relación fluida sean quienes sean los padres o los tutores hay que despojarse de muchos complejos, ideas preconcebidas y dejar tu ego a un lado. Al principio del artículo hablas de lo esencial: la confianza. Pero ésta tiene que ser recíproca: yo confío en el colegio, en el profesor, pero tú, profesor, ¿confías en mí como madre? La relación entre ambas partes, como dices, tiene que sumar, nunca restar. Hay que ser receptivo a lo que me diga el colegio, y el colegio debe hacer lo mismo conmigo: hay que presentarse ante esta interacción desnudo (no en el sentido literal, que tendríamos algún que otro problema), pero sí libres, e ir conformando entre ambas partes el atuendo adecuado, retal a retal, capa a capa, coser juntos, para que el resultado final se ajuste perfectamente a nuestros hijos: que no les falte ni les sobre, que luzcan guapos, que cuando los veamos podamos decir con orgullo: ahí va mi hijo, ahí va mi alumno. Y recoser a medida que nuestros hijos/ alumnos crezcan.
    Pero la realidad es otra. Yo, como madre, estoy muy implicada en la educación de mis hijos. Leo mucho, escucho, opino, tengo ideas… Desde que mi hijo mayor empezó el colegio hace 7 años me he ofrecido a éste para todo: excursiones, lecturas, manualidades, actividades… Nunca, jamás, me han llamado para nada, nunca se me ha invitado a participar en nada, he llevado material para la clase (infantil) y aunque el tutor me lo agradece nunca se me ha dicho ¿por qué no vienes y lo explicas tú a los niños? Dices, Pablo, que eso todavía es una utopía, pero no, hay colegios que tienen las puertas permanentemente abiertas a los padres, son parte activa del día a día de la vida escolar, y eso hace que padres y colegio se conozcan bien, se hagan amigos, se rían juntos…. y de ahí nace la tan ansiada confianza.
    No me extiendo más porque no pararía. Tengo mucha fe en que las cosas cambien y, de hecho, están cambiando. En tu colegio (que es el colegio de mis hijos) se están haciendo cosas nuevas, hay docentes como tú que tienen ilusión y nos la transmiten, como has hecho en este maravilloso artículo, pero todavía hay un largo trecho por recorrer en el camino de la confianza y la relación de simbiosis que debería existir entre unos y otros.
    ¡Enhorabuena y adelante!

    • Pablo Cuesta Responder

      Por favor, no dejes de decir a los profesores lo que pueden mejorar.
      Necesitamos padres y madres que, con respeto por el trabajo de los profesores, les ayuden a innovar, cambiar, mejorar…
      Muchas gracias por tu reflexión.

  7. Hergo Responder

    La verdad que es muy triste lo que leo, aunque a la vez me he sentido tan aliviada por otra parte, porque es tal y como lo sentimos en nuestra familia, y te ayuda el saber que no estas sola.Los colegios cerraron sus puertas (metafóricamente hablando) a las familias desde hace tiempo, y no quieren saber nada de nosotros, los padres molestamos,y los que nos implicamos mas aun, piensan que nos queremos meter en su trabajo y la mayoría solo queremos ser parte activa y útil de la educación que le dan a nuestros hijos.
    Nosotros, por ejemplo, no estamos dispuestos a permitir según que actitudes de los profesores hacia nuestros hijos, y eso nos ha traído problemas con el profesorado, aunque siempre hemos hecho todo desde el respeto y discreción; no estamos de acuerdo con el exceso de deberes, ni con que no les dejen dar su opinión libremente, tampoco con el uso de móviles por parte de profesor en clase… Hay muchas cosas que cambiar, pero tengo la impresión que los profesores van por libre, y créeme Pablo si te digo que siempre le he tenido una gran devoción al profesorado, pero en los último años…. Me he llevado grandes decepciones. En fin, no te conozco, creo que en tus palabras de este artículo, aunque intentaras ser imparcial, hay mucho mas que un 50% de profesor, aun así creo que tienes buenas intenciones, pero créeme, los padres estamos muy “quemados”.
    Un saludo, y ojalá, dentro de unos años, todo esto no sea más que historia.

    • Pablo Cuesta Responder

      Pues no dejes de seguir haciendo lo que estás haciendo.
      Yo creo que ése es el camino: diálogo y caminar juntos buscando puntos de encuentro.
      Muchas gracias por tu reflexión.

  8. GIPED Responder

    Hola Pablo y todos tus seguidores. Hemos visto a través del post de tu blog una postura interesante y contraria a la que nosotros defendemos sobre los deberes. Por ello te animamos a que conozcas nuestra página y te invitamos a debatir este tema que parece muy interesante dada la cantidad de seguidores sobre él y así, también, contrastar puntos de vista.
    Nuestra página de facebook es https://www.facebook.com/gipedudc
    Abarcamos el tema de los deberes desde un punto científico, por ello nos gustaría mostrarnos nuestro trabajo y, como no, conocer vuestras opiniones sobre ello.

    • Pablo Cuesta Responder

      ¡Gracias por vuestro comentario!
      Le echaré un vistazo a vuestra página.
      Un saludo.

    • Vane Responder

      Deberes… científico…??? La simple asociación de estos dos conceptos ya chirría. Con todo mi respeto a vuestro trabajo, seguro encomiable, ¿por qué no os dedicáis a investigar más sobre todo aquello que transcurre dentro del horario escolar, que no es poco y daría para interesantes estudios sobre cómo mejorar el sistema educativo, y dejáis en paz el escaso espacio “libre” que les queda a los chiquillos en sus interminables jornadas? ¿Por qué tiene mi hija que estar haciendo problemas después de 8 horas de jornada escolar en vez de estar tocando un instrumento musical, incuestionablemente mucho más edificante a todos los niveles? O jugando a hacer construcciones mi hijo pequeño en vez de colorear absurdas fichas del colegio? Que alguien me lo explique científicamente. Bueno mejor no.

  9. Vicen Responder

    Hola Pablo!!
    Me ha encantado el artículo, de hecho me encuentro dividida en tus mismos porcentajes, soy maestra de infantil y mis dos hijas estudian en mi mismo centro….con las cosas positivas y negativas que ello conlleva. En infantil los padres y madres entran a las aulas en infinidad de actividades que todo el ciclo o cada tutor programamos en la PGA: festividad de la castañera, talleres de navidad, de pascua, festivales, carnaval, graduaciones, exposición de oficios en las aulas….. y funciona genial. Cierto es, que esto se lleva haciendo muchos años (yo llevo 9 en este centro y de mucho antes se hacía ya) y tienes toda la razón en cuanto a la relación de confianza que ha de establecerse con las familias. Mi 50% de madre me hace entender la dificultad de muchas familias a no poder acudir a reuniones en el horario que ponemos y al final,como es a mi a quien me interesa que vengan los padres y me escuchen y sepan cual va a ser la metodologia, las normas,……o las excursiones que se van a hacer….pues se repite la reunión 2,3…o las veces que hagan falta. Pero cierto es que todo el profesorado no está dispuesto a actuar igual.
    Mi hija mayor está ya en 4° de primaria y ahora ese mismo 50% de madre que tanto me ayuda a que la relación con mis madres y padres de infantil fluya, es el que me hace saltar con las uñas fuera al ver cómo se trabaja en algunas aulas de primaria. lo importante dejan de ser los niños y pasan a serlo los contenidos, las evaluaciones…. los libros. No importa si se aprende….pero el temario hay que acabarlo.
    Hablabas de confianza: yo si conozco el proyecto educativo de mi centro y como madre jamás desautorizar a otro profesor…..todo lo contrario – no, cariño si la seño lo pide es por algo, ella es la que sabe y lo hace por vuestro bien. – no son tantos deberes corazón, seguro que si te pones a hacerlos sin perder un minuto en un plis los tienes…..
    Cuando sabes que es la burrada del siglo de un martes para un miércoles un total de 21 ejercicios , 3 páginas de cuadernillo de ampliación y dos fichas complementarias . Cuando ves que cada tarde pasa 3 y 4 horas en su escritorio antes y/o después de las clases de patinaje.
    Y ni hablar, claro está, de que los padres entren para nada a las aulas.
    En fin….lo que por una parte veo que es fácil implantación tar una metodología en la que las familias sean un miembro más activo en la comunidad educativa, por otra es algo imposible.

    • Pablo Cuesta Responder

      Me alegro que te haya gustado el artículo.
      Como ves, queda mucho trabajo por hacer; pero los padres (no sé bien cómo) tienen que hacerse oír en los colegios y aportar su punto de vista para que las cosas cambien, y se tomen decisiones pensando siempre en lo que será mejor para el alumno.
      ¡Gracias por leerlos!
      Un saludo.

    • Vane Responder

      3 y 4 horas en su escritorio un martes??? Jolines eso es para levantarse “en armas” vaya. Terminada de leer tu opinión, sin duda interesante por la doble visión que aportas, no sé si te admiro por tu templanza y aguante en una situación asi, o directamente me indigna que ante abusos de ese tamaño sigamos manteniendo el discurso de “jamás desautorizar a un profesor”. ¿Por qué?
      Verás, para tener un respeto tal como el que se pretende y espera para con los maestros, primero hay que ganárselo. Y a mí es que, llamadme radical, pero 4 horas de trabajo extraescolar me parece la palabra castigo le queda corta. Me parece maltrato. Y ese tipo de profesionales no merecen mi respeto.

  10. Montserrat Responder

    Ese 50/50 lo conozc bien. Mis hijos escolar izados en primaria y yo por muchas años fui Profe de mates y física… Yo no creo en deberes, creo en proyectos y en investigación, creo en despertar la curiosidad del niño y del joven para que busquen respuestas y me traigan a cambio muchas mas preguntas. Suscribo tu artículo en todos sus apartados, he experimentado ese enfrentamiento entre dos bandos que deberían estar del mismo lado: el lado del niño. A mi me ocurría algo mas: como madre al hablar con maestras de mis hijos proponer innovaciones o hacer sugerencias el rechazo es mayor, se sentían juzgadas por mi en mayor medida que si hablaran con madres de otras profesiones… En definitiva la comunicación y la empatía son asignaturas pendientes en la relación : hogar/ escuela. Me gustan mucho tus post por lo general me siento muy identificada.

    • Pablo Cuesta Responder

      Estoy de acuerdo contigo en que, muchos profesores, en cuanto les haces alguna sugerencia, se sienten amenazados. Normalmente, eso suele ocurrir con esos profes que no quieren cambiar nada en su manera de enseñar. ¡Pero hay que seguir diciéndoselo! para que se den cuenta de que “otra educación es posible”…

  11. Montserrat Responder

    Otra cosa… Es difícil “levantarse en armas” contra los deberes escolares cuando muchos padres son los que los defienden. No se por que pero piensan que sus hijos aprenderán mas así, o es porque representa la excusa perfecta para tenerlos toda la tarde en una academia… Sin darse cuenta que hay vida después del colé y no es precisamente en un aula

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