Interesante articulo de Patricia Ramirez

Un fracaso es un aprendizaje

Nuestro super experto Pablo Cuesta nos ha enviado este articulo sobre el fracaso. Tan denostado y tan necesario para aprender. Un articulo super intersante de Patricia Ramirez en El País.

“Fracasar, fracasar, fracasar. Es un verbo que rechazamos. Y lo rechazamos porque gestionamos fatal el fracaso. Y gestionamos fatal el fracaso porque desde el principio lo abordamos mal.

Lo primero que tendríamos que preguntarnos es ¿qué es el fracaso? Si seguimos la definición de la RAE, fracasar sería sinónimo de malograr. Es decir, no conseguir el objetivo. Y aquí tenemos la primera clave, la definición del objetivo. La mayoría de fracasos sobrevienen porque de inicio no se definió el objetivo de forma correcta. Un objetivo tiene que:

1. Depender de uno mismo, a pesar de que forme parte de un objetivo grupal, como pueden ser los objetivos de un equipo de trabajo o de un equipo deportivo.

2. Poder medirse, cuantificarse.

3. Estar definido en función del rendimiento y no del resultado.

4. Ser alcanzable.

5. Y si además añadimos que sea motivador y tenga sentido para la persona, mejor.

Cuando un deportista define su objetivo en función de ganar o de los goles que va a marcar, o una persona tiene como objetivo que su pareja no le deje nunca y siga siempre a su lado, fracasar es más sencillo que si define el objetivo en función de lo que él o ella deben ejecutar durante el partido, ser valientes, descarados, estar concentrados o jugar con intensidad; o de lo que como pareja significa cuidar y la relación. Uno de los motivos que nos lleva a fracasar es tener objetivos que se nos escapan al control.

Otros de los inconvenientes asociados al fracaso es la mala prensa que tiene. Fracasar es el acabose. Fracasar es bajar la cabeza y para muchos, el fin. Nos educan para tener éxito y para acertar. Los padres se quejan en la consulta de que “sus hijos no obedecen a la primera”; muchas personas se sienten orgullosas de ser personas perfeccionistas, y los entrenadores de fútbol modernos alardean de no dormir ni comer el día antes del partido y de dedicar todo su tiempo a visionar al rival. ¿Cómo no va a ser el fracaso el acabose cuando le has dedicado tu vida entera al objetivo? Vivimos en una sociedad que sobrevalora el éxito e infravalora el fracaso. Y con ello le cortamos las alas al aprendizaje.

Y un tercer motivo de por qué no queremos fracasar se debe alas conclusiones que sacamos del fracaso. Hacemos juicios de valor del tipo fracasar significa que no sirvo o que no estoy preparado. Así que cada vez que fracasas, o mejor dicho, cometes un error, tu autoestima se lleva un duro golpe. Y como no nos gusta sentirnos mal ni criticados incluso cuando la crítica viene de uno mismo, rechazamos cualquier exposición que nos ponga otra vez en el escaparate del error. Recuerda, no es lo mismo fracasar que sentirte un fracaso. Lo segundo conlleva emociones como la culpabilidad y la frustración.

Como ves, hay motivos por los que las personas temen fracasar. Y cuando temes, evitas. Al evitar, dejas de exponerte a nuevas experiencias, a nuevos aprendizajes y a salir de la zona confortable. Te limitas a lo que sabes, controlas y predices, porque ahí te encuentras seguro. La posibilidad de fallar es menor y con ello te sientes tranquilo. Seguro, tranquilo…y mediocre. Porque nadie avanza si no se expone a fracasar. Y quien no avanza, se estanca y deja de tener un valor añadido.

El fracaso sirve para aprender, nos ayuda a buscar soluciones, favorece la creatividad, nos humaniza, nos pone los pies en la tierra y fomenta la humildad, nos saca de la zona confortable y nos hace mejores, porque un fracaso acompañado de perseverancia e interés, termina en superación personal.

Así que lo ideal sería utilizar el fracaso para crecer. ¿Puedes hacerte este tipo de preguntas?

– ¿Qué tendría que plantear de forma distinta en el siguiente intento?

– ¿Perdí yo o me ganaron?

– ¿Podía haber dado más de mí?

– ¿Qué me sigue sirviendo, qué mantengo, qué valoro para el siguiente intento?

10 directrices ante el fracaso:

1. Acepta que forma parte de nuestras vidas. Nadie ha tenido una vida ausente de fracasos. Michael Jordan, los Beatles, Walt Disney y un sinfín de personas brillantes fracasaron.

2. Trata de centrarte en la parte controlable de tus objetivos.

3. Ten expectativas ambiciosas pero alcanzables.

4. Saca la lectura correcta del error. No es lo que dice de ti, sino las soluciones que tienes que buscar.

5. Refuerza los valores, la iniciativa y tu capacidad para enfrentarte a situaciones nuevas.

6. No te trates mal. No te digas nada que no dirías a un compañero de trabajo, de tu equipo o a tu familia. Si a los demás les darías ánimos para que cogieran fuerzas para intentarlo otra vez, ¿por qué no lo haces contigo? Olvídate, tratarte de forma severa no sirve “para que aprendas”. Sirve para sentirte mal. Trata de comportarte contigo mismo de forma compasiva.

7. Fomenta situaciones sin mucho riesgo en las que puedas fracasar, como probar recetas nuevas, y experimenta así lo libre que te sientes cuando piensas, “me ha salido una pena de receta, pero… ¡me da igual!” La próxima vez me saldrá mejor.

8. Mide el riesgo de fracasar. No se trata de ser temerario. Si el coste de tu fracaso puede llevarte a la ruina, poner a otras personas en peligro o algo similar, entonces no estamos hablando de un fracaso que se pueda asumir, sino de una irresponsabilidad. No todo vale en nombre de la pasión.

9. Relativiza. Piensa, ¿esto va a ser importante el mes que viene, el año que viene, dentro de tres años? Sufrimos de más en ocasiones porque perdemos el sentido de lo que realmente es importante.

10. No dudes de ti. La duda de debilita. Centra tu atención en tus fortalezas. Bastante crítica hay en el exterior como para que tú también participes y te conviertas en tu peor enemigo.

Fracasar es no intentarlo, ahí está el verdadero fracaso. Las personas somos todas exitosas solo por el hecho de intentar lo que hacemos, de vivir, de querer superarnos. Las historias de éxito nos emocionan, pero muchas veces nos comparamos con ellas y nos hacen ver que no estamos a la altura, “cómo me gustaría ser capaz de algo así”, y con ello nos lamentamos y menospreciamos.

Entre todos podemos animarnos a dar más valor a los valores que a los resultados, desde el niño que recoge el material en el equipo en lugar de marcar goles, a la mujer o el marido que hace concesiones con su profesión para que su familia crezca en lugar de hacerlo ella.

Artículo de Patricia Ramirez en El País

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